POEMAS IBÉRICOS (63) UN POEMA DE ROSARIO PÉREZ CABAÑAS

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Doctora en Estudios Filológicos y profesora universitaria. Ha publicado los libros de poemas Mientras  tú cantas (2007),  Mi padre nació   en Praga  (2014),  Quir&  y  los otros   hombres (2016),  Pavanas   en  la Roca   (2017)  e Inventario.  Fabulaciones, ficciones y otras   verdades (2018) y el libro de relatos Cinco lunas vigilan (1993) que fue premiado  por el  Ateneo de  Sanlúcar de Barrameda   y en los  Premios Gustavo   Adolfo  Bécquer de  la Junta  de Andalucía. En el ámbito de la investigación, sus trabajos pueden   leerse   en los    volúmenes   Nacionalismo     y vanguardias en las  literaturas hispánicas (2002), Escribir el   cuerpo.    19     asedios   desde    la    literatura hispanoamericana    (2003) o Los   museos  de  la  poesía: antologías  poéticas modernas    en  español,    1892-1941 (2008) o   Nuevos retos y perspectivas de la investigación en literatura, lingüística y traducción (2021),  libro del que ha sido coordinadora.


 

 

 

SEGUNDA PERSONA

 

En aquel tiempo abandoné a los dioses.

Ya fuiste desde entonces una.

Y hablabas en plural.

 

Vagaste por hayedos y linares,

viste mudar el barro por el hierro.

Allí estarás

con tu tribu de cuerpos repetidos.

Poseerás el deseo,

ese oscuro enigma de bocas secas.

No te conocerán:

tendrás el cuerpo de todas las mujeres

que fueron con un cántaro a la fuente.

 

Desde el lentisco has visto levantarse

los muros allá abajo

(en las horas muertas jugabas

a ser montaña y viento y tórtola en el pino).

Los negros tréboles brotaban en todas las ventanas

y la engañosa luz

parecía pintar

dientes pajizos en las salas.

Has visto salir de las casas

a ciertas horas de la madrugada

la serpiente del humo y la sed de los hombres.

Desde lo oscuro has visto

cerrar los ojos y estar dentro cuerpos como el mío,

invisibles, con vientres y sin madres.

Tus hijos parcelaron los montes y los llanos,

a plena luz, sin arrepentimiento.

Huyeron de las fuentes

y robaron caminos a la endrina.

En el verbo sembrar empezaron a morir

y en la cal renacieron

cobijados y toscos.

La pared fue el juicio final desde el principio.

Pero yo envidio

a la gente que va a sus casas.

 

SEGUNDA PESSOA

 

Nessa altura, abandonei os deuses.

Desde então, és uma só.

E falaste no plural.

 

Vagueaste por faiales e linhares,

Viste a lama transformar-se em ferro.

Lá estarás

com a tua tribo de corpos repetidos.

Possuirás o desejo,

esse enigma escuro das bocas secas.

Eles não te conhecerão:

terás o corpo de todas as mulheres

que foram com um cântaro à fonte.

 

Da aroeira viste os muros

as paredes lá em baixo

(nas horas mortas brincavas

de ser monte e vento e rola no pinheiro).

Os trevos negros brotavam em todas as janelas

e a luz enganadora

parecia pintar

dentes cor de palha nos corredores.

Viram sair das casas

a certas horas da manhã

a serpente do fumo e a sede dos homens.

Do escuro viste

fechar os olhos e estar dentro de corpos como o meu,

invisíveis, com ventres e sem mães.

Os teus filhos parcelaram as serras e as planícies,

em plena luz, sem arrependimento.

Fugiram das fontes

e roubaram caminhos do abrunheiro.

No verbo semear começaram a morrer

e na cal renasceram

abrigados e ásperos.

O muro foi o juízo final desde o princípio.

Mas eu invejo

as pessoas que vão para as suas casas.

 

 

Traducción de SAL y MST

 


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