POEMAS IBÉRICOS (94) DOS POEMAS DE JORGE ORTEGA
Jorge Arturo Ortega
Acevedo es poeta y
ensayista mexicano. Nació en
Mexicali, capital del estado de Baja California, en 1972. Doctor en Filología Hispánica
por la Universidad Autónoma de Barcelona. Ha publicado más de una veintena de
libros de poesía y ensayo en México, Argentina, España, Estados Unidos, Canadá
e Italia. Su trabajo poético ha sido traducido a varios idiomas. Entre otros
reconocimientos, ha obtenido el Premio Estatal de Literatura de Baja California
en 2000 y 2004 en los géneros de poesía y ensayo, respectivamente; el Premio
Nacional de Poesía Tijuana en 2001; el Premio Internacional de Poesía Jaime
Sabines en 2010; y, recientemente, mereció el
Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen 2022 en la categoría de poesía
con la obra Hotel
del Universo.
Su publicación más actual es la antología poética bilingüe
español-italiano “Luz bajo las piedras”, que apareció el verano de 2020 en Roma,
Italia. En octubre de 2022 se cumplieron 30 años de la publicación de su primer
libro, titulado Crepitaciones
de junio,
cuya evocación conmemora ahora tres décadas de labor escritural ininterrumpida.
Ingresó en 2007 al Sistema Nacional de Creadores de Arte de México.
Autovía del noroeste
Onde a terra se acaba e o mar
começa
OS LUSÍADAS, III, 20, 3.
Nos acercamos a la finisterra
bordeando la costa.
La niebla peina el bosque
y entre los altos robles
cariados por el musgo
enreda su enigmático sudario.
De pronto, en una curva,
la alfombra lapislázuli, casi ficticia
de sorpresiva y breve;
y otra vez la espesura
negándose a menguar en el asombro.
Los límites del orbe
no son de agua ni fuego,
de rugientes llamaradas
en un cantil sin fondo
o de cascadas que caen
interminablemente
al magma planetario.
Abundan las coníferas,
y el mar, en cualquier caso,
prefigura un comienzo, indica un horizonte
con su genoma que engloba
—lo sabe el renacuajo—
los orígenes de la vida.
Aproximamo-nos de Finisterra
contornando a costa.
A neblina cobre a floresta
e entre os altos carvalhos
corroídos pelo musgo
estende o seu enigmático sudário.
De repente, numa curva,
a almofada lápis-lazúli, quase fictícia
de surpresa e brevidade;
e outra vez o arvoredo
negando-se a desvanecer o fascínio;
e ainda outra vez o arvoredo
negando-se a desvanecer o espanto.
Os limites do mundo
não são de água nem de fogo,
de labaredas rugindo
num abismo sem fundo
ou de cascatas que tombam
interminavelmente
no magma planetário.
Abundam as coníferas
e o mar, em todo o caso,
anuncia um começo, indica um horizonte
com o seu genoma que engloba
- sabe-o bem o girino –
Lección de biología
en el jardín de la fragilidad.
Resbala, se desprende
una migaja de agua,
ejerce
sobre la nervadura de la hoja
el peso vertical de su abalorio.
Mas
el pájaro
se arraiga a las cornisas
como una marioneta
tirada por las hebras de la lluvia.
Nosotros, a la inversa,
no terminamos nunca
de caer,
igual que el cielo que se desmorona
bajo el hacha del trueno.
Terrícolas, el suelo nos reclama.
Y así, sólo compete
acatar la inercia del diluvio
y el ascenso del pájaro
desde un punto de mira que reitera
la imposibilidad de nuestra hechura.
Lição de biología
O pássaro é mais leve do que o ramo
no jardim da fragilidade.
Resvala, desprende-se
um fiapo de água,
exerce
sobre a nervura da folha
o peso vertical da sua missanga.
Mas o pássaro
agarra-se às fragas
como fantoches
empurrados pelos
fios da chuva.
Nós, pelo contrário,
nunca paramos de cair,
assim como o céu que se desmorona
sob o machado do trovão.
Terráqueos, a terra nos chama.
E assim, só nos compete
aceitar a inércia do dilúvio
e a ascensão do pássaro.
desde um ponto de vista que reitera
a impossibilidade da nossa criação.
Tradução de Vítor G. Cardeira, janeiro 26

Comentarios
Publicar un comentario