POEMAS IBÉRICOS (112). DOS POEMAS DE SANTIAGO MENDEZ
Aunque Santiago Méndez nace en Tetuán, 1957, su
adolescencia transcurre en Higuera la Real (Badajoz) y, más tarde, en Badajoz
ciudad. En Sevilla concluye los estudios de Filología. Después regresa a
Marruecos, impregnándose en Ceuta de la cultura andalusí-marroquí. En 2025
publica su segunda obra poetica “En la duna blanca”,
poemario de 86 páginas prologado por Miguel Veyrat y editado con excelencia por
Aliar Ediciones, enfrenta al lector con la pasión amante y el dolor por la
muerte de la amada. En ella, el autor expone su visión norteafricana de la vida
y la muerte.
En el ámbito
de la gestión literaria, fundó la revista Melquiades y,
algunos años después, la revista digital Abismos del Suroeste,
junto a Isidro Bueno y Fidel Perera. En esta última publicó su primer libro de
poemas, Canción de los años y la serpiente. El libro aquí
reseñado constituye su segunda obra poética.
|
Anhelo la
procesión de
troncos desnudos en la
grisalla expuesta
y feroz de la neblina. Invoco la
paz del musgo
hueco, de profundis, los
brazos del infierno. Espero la
caída amable de
los lagos, el canto
de los dioses, la
plegaria de los pajaros, tu
ausencia plena. |
Anseio pela
procissão de troncos nus na grisalha exposta e feroz da névoa. Invoco a paz do musgo oco, de
profundis, os braços do inferno. Aguardo a queda suave dos lagos, o canto dos deuses, a prece dos pássaros, a tua ausência inteira. |
En la Duna Blanca/ Na Duna Branca
AVES MUDAS
Callaron
los colirrojos,
Los
vencejos no dibujaban
Caligrafía
aérea en el cielo.
Miraban mis
ojos de arena
El paso
oculto de los días
Y el atardecer antes hermoso
De las
aguas y cordilleras.
Enmudecieron
los colirrojos,
Fue refugio
la rama leve
Del temor
de los vencejos.
Y el
universo todo, negro
Tapiz que
tu sangre hiela,
Se abato
como Azrael,
Crepitaba
como hojas,
Muertas
bajos mis pasos.
AVES MUDAS
Calaram-se os rabirruivos
Os andorinhões já não desenham
Caligrafías aéreas no céu.
Olhavam os meus olhos de areia
A passagem oculta dos días
E o entardecer outrora belo
Das águas e cordilheiras.
Calaram-se os rabirruivos,
Tornou-se refúgio o galho fino
Do temor dos andorinhões.
E todo o universo, negro
Tapete que o teu sangue congela,
Que se abateu como Arzael,
Crepitaba como folhas,
Mortas por debaixo dos meus passos.
Na
Duna Branca
Traducción
de Vitor G. Cardeira
Comentarios
Publicar un comentario